Introducción
En los últimos años, la lactancia materna (LM) se ha convertido en un asunto de gran relevancia en el campo de la salud y especialmente en el ámbito de la nutrición. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1979), la lactancia materna debe ser la única fuente de alimentación de un infante durante sus primeros 6 meses de vida, ya que representa la forma más adecuada de brindarles los nutrimentos esenciales para su crecimiento y desarrollo óptimo. Asimismo, se sugiere que después de los 6 meses se integre una alimentación complementaria apropiada y segura, manteniendo la lactancia hasta los dos años de edad. La LM proporciona múltiples ventajas para el niño, entre ellas se encuentran una nutrición adecuada, refuerzo del sistema inmunológico, prevención de reacciones alérgicas, desarrollo mental y menor probabilidad de enfermedades (Blázquez, 2000). Se ha vinculado con una mejora en el desarrollo intelectual durante la infancia, facilitando una construcción gradual de estructuras cognitivas complejas que les permiten a las personas enfrentar retos y situaciones conforme avanzan en su crecimiento (Alonso, 17 de diciembre 2024).
La relación entre estos factores se debe a la composición nutricional alta en proteínas, principalmente: caseína, Alfa-lactoalbúmina, lactoferrina, inmunoglobulinas (IgA, IgG, IgM), lisozima, seroproteínas; las cuales tienen propiedades antimicrobianas y antiinflamatorias que protegen el cerebro en desarrollo cognitivo; además del aporte de carbohidratos, principalmente oligosacáridos 2 Fucosil Lactosa (2-FL), que influye positivamente en el neurodesarrollo, siendo importante en el primer mes para las conexiones simpáticas y formación de neuronas, que favorecen el rendimiento cognitivo a largo plazo, el vínculo emocional y la estimulación (Horta et al., 2018). De acuerdo con el artículo de Victora, et. al. (2015) “Asociación entre la LM y la inteligencia, el nivel educativo y los ingresos a los 30 años”, demostró los beneficios cognitivos de niños y niñas relacionado con los ácidos grasos poliinsaturados a lo largo de la lactancia, que podrían modificar el perfil lipídico cerebral e incrementar el tamaño del cerebro, donde los infantes que habían sido amamantados mostraron un mayor volumen de materia gris en los lóbulos parietal izquierdo y derecho, y temporal izquierdo; y más activación en los lóbulos frontal y temporal derecho para las tareas de percepción; mientras que para la tarea de lenguaje la activación fue mayor en el lóbulo temporal izquierdo. Además, se ha demostrado una relación entre el volumen de materia gris subcortical media, la lactancia materna y el coeficiente intelectual.
Por otro lado, se ha encontrado una relación entre la LM y el desarrollo como capital humano, aumentando la capacidad de generar ingresos. Algunos artículos han encontrado que la lactancia materna se puede asociar con un mejor rendimiento intelectual y educativo en pruebas de inteligencia 30 años después de recibir lactancia y podría tener un efecto importante en la vida real, al aumentar los ingresos en la edad adulta (Victora, 2015). Ante esto, los efectos que podría causar la ausencia de la lactancia han tomado gran popularidad en los últimos años. La investigación tiene como objetivo confirmar los beneficios de la LM en la etapa adulta, específicamente midiendo el coeficiente intelectual.




