Home / Noticias / ¿POSGRADOS, HERRAMIENTA EFECTIVA PARA EL DESARROLLO PROFESIONAL DEL ABOGADO?

Publicado por: UCA 19 de febrero, 2026

UBUNTU: ¿HACIA UN NUEVO PARADIGMA DEL DERECHO RESTAURATIVO?

El motivo del presente desarrollo es considerar la eficacia del estudio de un posgrado académico para el abogado actual, ¿vale la pena el tiempo, dinero y esfuerzo invertido? Para responder a ésta y otras preguntas, me permitiré aportar algunos elementos básicos, de opinión personal y de colegas con los que he tenido la oportunidad de convivir en el ramo.


Partiré de la aceptación de la sobre oferta académica de la carrera de leyes, Abogado o Licenciado en Derecho (depende el nombre de la casa académica que ofrezca la matrícula), como consecuencia tenemos que existen: una Universidad pública y 37 privadas (datos disponibles en la página oficial del Instituto de Educación de Aguascalientes, en la liga: https://www.iea.gob.mx/educacion- superior/oferta-educativa). Esto genera un universo de Abogadas/os egresados de manera semestral/anual de forma intermitente.

Esto nos lleva a la consideración de una posible respuesta a las preguntas planteadas inicialmente: definitivamente, en la enorme masa de profesionistas del Derecho en el Estado, resulta viable y lógico un posgrado que permita la distinción o mejor posicionamiento en la competencia y mercado.

Sin embargo, la obtención de un posgrado sobre otros profesionistas con licenciatura del Derecho es relativa, toda vez que la oferta no disminuye notoriamente, 24 de las 37 Universidades privadas ofrece al menos un posgrado,
principalmente en Maestrías; en Doctorado la oferta educativa disminuye a solo 5, fuente en la liga: https://www.iea.gob.mx/educacion-superior/oferta-educativa. Llama la atención que la Universidad Pública, la Autónoma de Aguascalientes, no ofrece al momento oferta educativa en posgrados en la rama de la profesión que nos ocupa, como podrá constatarse en la siguiente liga: https://www.uaa.mx/portal/posgrados/, esto puede entenderse a que recibe un financiamiento público independiente al cobro de matrículas, lo que le permite no depender totalmente del pago de cuotas por los alumnos, pero en el caso de las Universidades privadas los recursos provienen principalmente de este tipo de aportaciones, entrando directamente a la competencia del mercado basado en la oferta y la demanda; dejaremos como un punto a considerar, que no es motivo del presente artículo: donde se encuentra la élite privilegiada del alumnado en el momento ¿en las Universidades privadas o públicas?


Los datos presentados en los párrafos que anteceden nos remiten a considerar la importancia de los posgrados sobre las licenciaturas a razón de lo siguiente: sigue presentándose una gran cantidad de alumnos-egresados en el estudio de Maestrías, sin embargo, disminuye considerablemente respecto al Doctorado.

 

Importante es considerar la duración del posgrado de elección. Debe buscarse un punto medio, existen posgrados de más y menos de dos años; uno de menos de dos años deja en duda la calidad de conocimientos que pudieran obtenerse, con el riesgo de conocimientos superficiales; posgrados de más de dos años resulta un esfuerzo complicado por la dinámica profesional de la vida actual, puede implicar sacrificios de familia y desarrollo personal; por la anterior resulta idóneo un posgrado de duración intermedia: dos años. Sin embargo, debemos considerar varios factores: el análisis del plan de estudios, la calidad de los catedráticos (especial cuidado con esos profesionales del Derecho frustrados, sin más oportunidades motivo de sus propios errores e ineptitudes, cuyo nivel de debate se reduce a estudiantes sin ninguna práctica en alguna rama) el clima propicio para la concentración y estudio, la posibilidad económica, en resumen: la Universidad adecuada.

Si consideramos los elementos antes expuestos, todo indicaría que lo conveniente es apostarle al desarrollo profesional doctrinario, es decir, el estudio de un posgrado (el desarrollo práctico es otro boleto y desgraciadamente hay que decirlo, no se aprende en un aula en su modalidad presencial o en línea). A mi consideración, la decisión debe estar soportada en el momento laboral y profesional que se está viviendo; es decir, las circunstancias y el tiempo adecuado para estudiar el posgrado y que determinará en gran medida, si será una herramienta que permita desarrollarnos como abogado y persona, o un posgrado que será motivo de una frustración permanente o bien, dedicarse por vocación (reitero, no frustración) a la noble labor de la Docencia y la Investigación del Derecho.

Si nuestro interés es la Docencia e Investigación relacionados con el Derecho (a corto, mediano o largo plazo) y partiendo de que es una ciencia no exacta, no tenemos que pensarle mucho, los distintos niveles de posgrados (Maestría, Especialidades y Doctorados) resultan indispensables para poder estar frente a un grupo en un aula (presencial o virtual), al entender las razones que dan origen a las normas generales, a los sistemas jurídicos, de justicia, de gobierno, población y sociedad. Lo anterior permitirá, transmitir un buen nivel de conocimiento para el aprovechamiento tanto de abogados dedicados a la doctrina como a la práctica. Entre más rápido tomemos la decisión de continuar con la preparación, le ganaremos tiempo al tiempo (es una de las principales inversiones en el posgrado, aunque no la única).

De especial consideración es la práctica, el mundo del Abogado no puede entenderse sin ella, un futuro profesional en esta rama, debe buscar practicar desde que está estudiando, o bien, al terminar y titularse, debe hacerlo a la brevedad, en ese momento es solamente un Licenciado en ejercer la práctica del Derecho, pero no Abogado, y aquí nunca se dejará de aprender, es adentrarse al complejo mundo jurídico y legal de usos, costumbres, interpretación o forma de pensar, que nadie explicará porque no hay obligación para ello. El conjunto de lo aprendido en el aula con la personalidad, carácter, suerte etc. es lo que determinará el éxito o el fracaso profesional en los términos en que personalmente lo entienda cada uno. El Licenciado en Derecho recién egresado, que no quiera dedicarse a la Docencia o Investigación, debe tomarse un tiempo, debe ejercer primero, si busca dedicarse al servicio público o al litigio, no es nada conveniente estudiar el posgrado y después practicar, se necesita experiencia y madurez, el riesgo será un posgrado con un vacío en la práctica que no le servirá de nada, lo mejor en este caso, es combinar la práctica a la par con el estudio, deberá primero vencer un gran enemigo: “el tiempo”. La combinación de estudio, ejercicio del Derecho, familia y lo personal es complejo, pero si la situación personal permite esta flexibilidad (estado civil, economía y tiempo) hay que aprovechar esta oportunidad única.

En el otro lado de la moneda, están los Abogados considerados “exitosos” (concepto que también depende de cómo cada uno lo entienda), con cargos de responsabilidad o despachos con renombre, y cuyo trabajo constante y de resultados les permitió acceder a ellos, implicando la inversión de tiempo y sacrificio, dejaremos a un lado la “suerte” por ser un concepto demasiado subjetivo. Todo parece perfecto en ellos, salvo un detalle: carecen de un título de posgrado. Argumentos, pretextos, justificaciones de ello, son interminables, agreguemos que continuar con la siguiente etapa de estudio es indistinto en su era más que suficiente, la experiencia acumulada y evidente, es insustituible (aplica plenamente el dicho “la práctica hace al maestro”) inclusive, están pensando en cerrar su vida profesional activa. También en este rubro, están los Abogados maduros (de 40 a 55 años), cuya vida profesional todavía tiene más vigencia, aquí si es importante el esfuerzo del posgrado, luchar contra el peor enemigo: el tiempo; sin embargo, se dispone de salud y la agilidad mental que pueden hacer frente a este inconveniente, al tener todavía una vida profesional por delante, se verán reflejados los beneficios del estudio (insistiendo que la experiencia y práctica son insustituibles), fortalecimiento en la calidad del trabajo, entorno laboral y de un perfil humanitario con conciencia social.

De los Licenciados en el Derecho que solamente estudiaron por tener un título, tener a la familia contenta, o por no tener nada que hacer y con motivo de ello no ejercen, de ellos ni hablo, sale sobrando analizar su situación respecto a un posgrado.

De los Licenciados en el Derecho que solamente estudiaron por tener un título, tener a la familia contenta, o por no tener nada que hacer y con motivo de ello no ejercen, de ellos ni hablo, sale sobrando analizar su situación respecto a un posgrado.

 

Conclusiones.

La edad ideal para un posgrado es de 30 a 40 años, previo ejercicio profesional de por lo menos 5 años.
Escoger una Universidad con un prestigio reconocido, que valga el esfuerzo, tiempo y dinero que se invertirá.
Analizar el plan de estudios y la duración del posgrado.
Salvo que nos dediquemos a la Docencia o la Doctrina, exagerar en títulos de posgrado, quita seriedad sobre la preparación de quien los posee (como los Generales del Ejército de Corea del Sur, con decenas de medallas colgadas en el uniforme, sin poder justificar en que guerras participaron y las ganaron).
El momento adecuado en la edad para el posgrado, hará más tolerable lidiar con el catedrático fracasado.

 

Autores: Alumno de la Maestría En Derecho Constitucional y Amparo: MARCOS
JAVIER TACHIQUÍN RUBALCAVA

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