Por Valeria Macías Cervantes, Arturo Elías Ruiz, Diego Alfonso Góngora Villalobos y Moisés de Jesús Serna Alfaro, alumnos de séptimo cuatrimestre.
- Preparación, argumentación y valores ciudadanos
Reflexionar sobre la importancia de que los jóvenes participen activamente en la vida política, conozcan у defiendan sus derechos, ejerzan responsablemente su voto y se preparen para formar parte de los espacios de decisión.
Durante mucho tiempo se ha hablado de los jóvenes como "el futuro de México". Sin embargo, considero que esa frase ya no es suficiente. Los jóvenes no somos solamente el futuro: somos parte del presente y tenemos la responsabilidad de participar en las decisiones que están construyendo el país en el que vamos a vivir.
Hablar de participación juvenil en la política no significa únicamente hablar de partidos políticos, campañas electorales o de ocupar un cargo público. Significa hablar de ciudadanos que conocen sus derechos, que tienen la capacidad de cuestionar, de informarse, de argumentar y, sobre todo, de no permanecer indiferentes ante lo que sucede a su alrededor. La participación juvenil puede entenderse desde muchas perspectivas, pero hay dos que considero fundamentales: la incorporación de nuevos perfiles a la vida política y la defensa del voto como una herramienta de participación ciudadana. Ambas están relacionadas. No podemos aspirar a una política diferente si no estamos dispuestos a participar en ella, pero tampoco podemos hablar de participación si desconocemos nuestros derechos y dejamos que otros decidan por nosotros.
Existe otra responsabilidad que no podemos pasar por alto: el voto.
No podemos exigir que las cosas cambien si nosotros mismos decidimos no participar. Tampoco podemos dar por hecho que nuestra decisión no importa o asumir que "todos los políticos son iguales" como una justificación para alejarnos de los procesos electorales. Votar es un derecho, pero también representa una responsabilidad ciudadana. Defender nuestro voto comienza mucho antes de llegar a una casilla. Comienza cuando nos informamos sobre las propuestas, investigamos a quienes buscan representarnos, conocemos sus antecedentes y dejamos de tomar decisiones únicamente por simpatía, popularidad o tendencias en redes sociales.
Nuestro voto no debería ser producto de una moda.
Debe ser una decisión consciente.
Y después de votar, nuestra responsabilidad tampoco termina.
La ciudadanía no debería desaparecer el día después de una elección.
Tenemos derecho a cuestionar a nuestros representantes, exigir resultados, señalar aquello con lo que no estamos de acuerdo y pedir cuentas. Pero para exigir también necesitamos conocer.
Necesitamos argumentos.
Necesitamos entender nuestras instituciones.
Necesitamos conocer nuestros derechos.
Porque no podemos exigir aquello que no conocemos
La participación política no comienza ni termina en una elección.
También está en los movimientos sociales, en las organizaciones de estudiantes, en el voluntariado, en las causas comunitarias, en las asociaciones civiles, en el activismo у en todas aquellas acciones mediante las cuales una persona busca incidir en su entorno.
Un joven que participa en una campaña de reforestación, que organiza una colecta, que defiende una causa social, que propone cambios en su universidad o que utiliza sus redes para visibilizar una problemática también está participando en la construcción de su comunidad.
Por eso, reducir la participación juvenil únicamente al voto sería quedarnos cortos.
Participar es involucrarnos en aquello que nos importa.
Creo que México no necesita una población joven que simplemente acepte las decisiones que otros toman por ella.
Necesita una generación preparada, crítica y consciente.
Una generación capaz de escuchar una propuesta y preguntarse:
Necesitamos jóvenes capaces de confrontar ideas sin convertir las diferencias en ataques personales. Jóvenes que sepan debatir sin miedo y que entiendan que estar en desacuerdo no significa dejar de respetar al otro.
No necesitamos jóvenes que permanezcan callados por miedo a equivocarse.
Necesitamos jóvenes que estudien, investiguen y se atrevan a participar.
Participar tampoco es sencillo.
Uno de los principales obstáculos es la desconfianza. La corrupción, la falta de resultados y el desgaste de las instituciones han provocado que muchos jóvenes sientan apatía y prefieran mantenerse al margen. Pero también existe otro problema: la falta de espacios. En muchas ocasiones, los jóvenes son considerados inexpertos únicamente por su edad. Se habla de la importancia de nuestra participación, pero no siempre se nos brindan espacios reales para proponer, decidir y demostrar de lo que somos capaces. Aquí también existe una responsabilidad institucional.
Las instituciones, los partidos políticos, las universidades y las organizaciones deben generar espacios de formación, diálogo, participación y acompañamiento para que los jóvenes no solamente sean invitados a escuchar, sino que puedan aportar y construir. Pero nosotros también tenemos una responsabilidad.
Si queremos ocupar espacios, debemos prepararnos para ocuparlos.
Si queremos ser escuchados, debemos construir argumentos.
Si queremos transformar las cosas, debemos involucrarnos. La participación juvenil no puede depender únicamente de que alguien nos abra la puerta. También debemos estar preparados para entrar cuando esa oportunidad llegue.
La preparación política no solamente consiste en conocer leyes, instituciones o procesos electorales. También requiere valores.
Entre los más importantes para el desarrollo personal y social de los jóvenes están la responsabilidad, el respeto, la honestidad, la empatía, la solidaridad, la perseverancia, la autonomía, la tolerancia, la integridad y la amistad.
Estos valores son importantes porque la política, antes que una carrera, debería entenderse como una forma de servicio.
Significa no conformarnos con un "así son las cosas" Significa preguntar, investigar y cuestionar. Significa entender que nuestro voto tiene valor y que nuestras decisiones tienen consecuencias. No podemos pedir una mejor política mientras permanecemos completamente alejados de ella. No podemos esperar que una nueva generación llegue a transformar la política si no estamos dispuestos a prepararnos para hacerlo
México necesita jóvenes que conozcan sus derechos, pero también que conozcan sus responsabilidades.
Jóvenes capaces de defender sus ideas con argumentos, de respetar las ideas diferentes y de participar sin miedo.
Jóvenes que entiendan que la política no es propiedad de unos cuantos y que la ciudadanía no consiste únicamente en votar cada determinado número de años.
Porque una democracia no se fortalece cuando sus ciudadanos dejan de cuestionar.
Se fortalece cuando una nueva generación decide informarse, participar y hacerse escuchar. Quizá ese sea uno de los mayores retos de nuestra generación: dejar de esperar que alguien más cambie las cosas y comenzar a preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para transformarlas. Porque no somos solamente el futuro.
Somos los ciudadanos que hoy tienen la oportunidad de decidir qué futuro quieren construir.
"La edad puede darnos una generación, pero solamente la preparación puede darnos una voz."